Hubiese sido fácil atacar con el tan seductor tema de tirarme a la madre de un amigo, pero he decidido completar algo la trama y añadirle algo más de gracia a la historia. Éste relato, tengo que decirlo, lo inspiró una señora a la que vi caminar mientras paseaba en bicicleta. Sí, le he dedicado un relato erótico a una desconocida. Gracias por leerlo.
Ocho años de soltera eran los que tenía mi madre encima cuando se echó de novio a Sergio. Que yo supiese desde que se había separado de mi padre sólo había tenido como novio a aquel señor delgado y con gafas que nos hacía las fotocopias en la tienda de fotografía, amén de una única cita con el conserje del edificio.
La primera vez que invitó a Sergio a cenar a casa se suponía que aún eran amigos, aunque sospechaba que él ya se la había tirado por como reía mi madre con cada estupidez que él decía. No es que fuese un mal tipo, pero es normal no querer hacerle la ola al hombre que se acuesta con tu madre por las noches, y menos si escuchas desde tu habitación como gime encima de ella.





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