Tragué tanta leche que me sentí el hombre más feliz de la tierra y le pedí a Rigo, mi Rigo, que me rompiera el culo y me llenara de ese néctar calientito que tanta falta me hacía para acompletar la felicidad que vivíamos desde hacía varios meses. Mi Rigo tiene una polla bastante grande, de unos trece centímetros, bien gruesa, y es la más hermosa que he visto en mi vida, por su color moreno. Mi querida Lu me ayudó a ponerme de cuatro y me mamó el ano para llenármelo de saliva, además de meterme los dedos para dilatármelo, pero era tanta la felicidad anticipada que sentía que le pedí a Rigo que me penetrara, quería sentirlo mío, sin importar que mi mujer se pudiera enojar por saber que ese enorme falo lo tendría que compartir conmigo.



       

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